En Inglaterra hay una “aldea de jubilados” para gatos ancianos, donde pueden vivir tranquilos los que nadie adopta. Cuando un gato viejo llega a un refugio, casi nadie lo quiere.
Muchos llegan porque su dueño se fue a una residencia o se fue de este mundo, y se quedan sin nadie.
A la fundadora de un refugio de Inglaterra eso le dolía tanto, que en 2009 construyó para ellos una aldea con seis chalets, donde caben cuatro gatos en cada uno, y una sala común, para que se junten cuando quieran.
Los voluntarios los pesan cada semana y los llevan al veterinario si hace falta.
Cuando uno se va de este mundo, pintan una piedra en su honor y la dejan en la aldea. Así, en vez de esperar una adopción que quizá nunca llegue, viven tranquilos y bien cuidados.
Crea tu propia página web con Webador